Singular seduction, o de cuando el Equipo A llegó a la ciudad – Crónica de un futuro para explorar

Barcelona
Jueves, 25 Febrero 2016

En el verano de 2015, cinco empresas punteras de Barcelona decidieron romper el silencio en el que estaba envuelta su creatividad. Decidieron concentrar en una sola demostración todo su poder de seducción. Hoy, ya no ocultos por las sombras, todo el mundo les busca. Si usted tiene un problema, si ya lo ha probado todo para su cliente y no encuentra una solución que lo deslumbre, y si consigue encontrarles (lo cual no es difícil ya que “se esconden” en el hub tecnológico más avanzado de Catalunya), puede que los pueda contratar… ahora se hacen llamar…  Singular Emotion.

Screeeech… rebobinemos. ¿Les resulta extraño que para empezar a explicarles la relevancia para su negocio de lo que sucedió el pasado 21 de enero en Barcelona hagamos un guiño a una mítica serie de televisión y utilicemos el humor y un tono lúdico? Pues lo hacemos porque la sorpresa, el quedarse boquiabierto, la complicidad, y la seria importancia del juego en la industria tecnológica que viene, son núcleos, algunos de los ejes sobre los que gira nuestra propuesta, la propuesta de Singular Emotion de revolucionar el mundo del márketing en España.

Se llama “gamificación” y constituye uno de los siete grandes ámbitos en que se especializa Singular Emoton y en los que posiblemente nada volverá a ser igual desde que la nueva corporación desembarcó en las playas de Barcelona en la cálida noche del 21 de enero. Se esperaba reunir a más de 500 hombres y mujeres clave en la economía y en la toma de decisiones en torno a una misteriosa presentación que había creado enormes expectativas en la red. Tan grandes que los organizadores contemplaron, no exentos de una excitante inquietud, cómo se comenzaban a formar grandes colas que anunciaban que las cifras estimadas se duplicarían, o se acabarían triplicando, como así sucedió.

Dentro de la renombrada sala Opium, elegida como referencia de todo lo que despunta en la noche condal, un equipo de medio centenar de profesionales llevaba días dando forma a sueños eléctricos duramente trabajados durante meses. Sin embargo, una de las dos protagonistas reposaba con tranquilidad, recostada en el fondo de un chip, ajena a todo el bullicio y a los cientos de metros de cable que le conferirían durante unos breves, pero rutilantes momentos, la efímera vida de una chispa, un fuego fatuo azul, una muchacha futurista llamada Inmersiva, por el tipo de comunicación que encarnaba y que era el gran motivo por el que miles de personas contenían la respiración aquella velada.

La otra estrella de la noche, la gran soprano, se maquillaba silenciosamente en su camerino, en las entrañas del complejo turístico. Sobre sus movimientos, sobre las notas de su voz, se iban a proyectar por primera vez imágenes en movimiento. Su experiencia, sus tablas, le conferían una gran seguridad que no podía ser compartida por los jóvenes técnicos que iban a desafiar a la suerte de los pioneros con este espectáculo único, jugándose su reputación a una sola carta de convencer o morir.

40 minutos deslumbrantes y una sala de las Maravillas, como las de las Ferias Universales de la Edad de Oro de los inventores, un viaje en el tiempo retro futurista. Pirámides holográficas, escaparates evolutivos, el tintineo de las luces y las formas de un videomapping ligeramente alucinatorio, el juego del escondite de la marca y el fuego, un photocall con dinosaurios y escualos circulando en torno de las víctimas de la fama, mundos interactivos en los que se sumergen cascos y oculus 3D… los nuevos instrumentos de la mercadotecnia inmersiva, la que sitúa al cliente en el centro del producto, de la experiencia,  que están llamados a sustituir a los medios convencionales en un mercado cifrado en más de 11.00 millones de euros tan sólo en el Estado español.

Y en los escenarios, repentinamente, un mano a mano entre el cristalino cuerpo holográfico y la voz de regusto metálico de Inmersiva y la máscara blanca de la evanescente Madame Butterfly, el quimono formado por un revuelo de mariposas y en persecución eterna de su inaprensible Pinkerton, disuelto en humo entre el atronador sonido de los tambores Taiko y mientras los acordes de Puccini atraviesan la negrura de una sala estupefacta ante la magia digital que rellena el pentagrama de colores y paisajes.

Silencio, negrura, ovación. Y un encuentro privilegiado entre creadores y directivos, artistas y emprendedores, coreógrafos e ingenieros, empresarios e informáticos, el quien es quién de la nueva economía, la mercadotecnia y la cultura nacionales, que en un momento de celebración corea un arrebato final, el brindis de La Traviata.

Agarrándose aún a las sensaciones experimentadas y a las solapas de sus abrigos, los asistentes van alejándose, como dudando en arrancar aún su mirada del caleidoscopio, despidiéndose de las vitrinas y las tarimas, ahora vacías, como con un “hasta mañana”, una promesa de volverse a ver… Se cierran citas, se estrechan manos, aún bajo el hechizo del brillo de la velada que amaina, pero con el férreo compromiso interno de comprobar si la funcionalidad de estas nuevas herramientas sobrevive en el duro ámbito comercial. Eso sí, con el convencimiento de que, como dijo un asistente, con la fría lógica del quien ante la vivencia de tanto territorio ignoto busca un símil perteneciente a una industria cercana, a un panorama familiar, “es como si hubiéramos asistido a la salida del primer Ford T de la cadena de montaje”.

Porque fue una experiencia para recordar, un recuerdo para atesorar, pero, sobre todo, esa noche se abrió… un futuro por explorar.